jueves, 14 de febrero de 2008

Él

Era tan insoportable el dolor que no pudo más que meterse en la ducha y dejar que el agua hirviendo bajara por su espalda. Se agachó en el piso de la bañera y se acurrucó, abrazando sus rodillas con fuerza hacia ella. Se guareció en posición fetal bajo el silencio cómplice de la lluvia, de manera que ni su mismísima alma percibiera las lágrimas frías que rodaban cuerpo abajo.
Ya no había nada que detuviera el caudal de sangre.. La bañera se llenaba de a poco de un color rosa que le daba, irónicamente, el marco perfecto a la tarde.. rosa.. tan ella, para él.
Mientras el agua tibia, como líquido amniótico, la flanqueaba a paso firme, imaginó por última vez el color de sus ojos.. cómo sería? Cómo sería una caricia de sus manos? Y su risa? Y sus besos? Sus abrazos?
Ya no había más tiempo para imaginar.. cuando llegó el momento supo que tampoco había marcha atrás. Sin dejar de llorar ni un segundo, apretó los dientes, y no se arrepintió de nada.. sólo alcanzo a sonreir cuando en la niebla de sus ojos creyó vislumbrar el verde, de los de él.